no los puede inducir a cambiarse. El generalmente no toma una perspectiva desacostumbrada al fotogra-
fiar, p.e. desde arriba,
abajo o desde el otro lado. Más bien se pone él a la búsqueda de un ojo que mira a los alrededores,
de un espejo que atrapa a un objeto y lo cambia, sin que él mismo tenga que poner mano en ello. Y por cierto,
uno encuentra por todos lados a esos ojos, espejos de diferentes materiales, en los que las cosas se reflejan y
transforman. Uno no necesita ni una cámara digital ni una computadora para encontrar-
los, uno debe de mirar
atentamente y de forma no convencional para descubrir- los,
como por ejemplo aquí:

Caballo S-Printing en Heidel- berg
se parece incluso a un ojo, pero es una esfera en el rabo del caballo destelleante
y rotante cerca de la estación central de trenes de Heidelberg. Pero en ella se recoge todo el lugar.
El mismo parece triste y desolado, pero solo porque él fué visto en un dia frio de invierno.
El metal curvado reluciente ha hecho de uno de los centros más densos de tráfico, un patio
de cuartel vacío. La imagen en el espejo se vuelve aquí algo inquietante, porque
ya no reconocemos el lugar familiar, desaparece la forma conocida que calificamos de real.

Edificio Wrigley en Chicago
También aquí nos confun- dimos un poco: a orillas de un hermoso río en Chicago se ven muchos
rascacielos, que no parecen interesar ni a los turistas ni a sus cámaras fotográficas. En medio de
ellos un edificio antigüo, conocido, símbolo del estatus de una empresa mundial.
La mayoría de nosotros tienen ojos de turista, que saben que vale la pena ver este edificio,
y que en fotografías puede ser reconocido nuevamente por un observador: ah, éste es el edificio
Wrigley! A éste también yo lo he visto! O de otro modo: Esto reconozco yo! Pero Derliz
Mereles ha conectado un ojo extraño entremedio: un frente con muchas ventanas, uniforme, estricto,
aburrido. Pero ellas consiguen cortar la torre en rodajas, desarmarla, tanto que casi nos aturde. Y aquí
empieza a preguntarse el observados: qué era esto? De alguna manera es conocida, pero nó! De la
familiaridad recompenzante se convierte en una pregunta, un proceso de búsqueda se desata. Intentamos
reconstruir internamente la imagen, para afirmar nuestra imaginación de cómo deben ser las cosas
a las que estamos acostumbrados. Quizás que- rramos desacernos el ojo-espejo irritante, debiendo separar
un edificio del otro.

Rathausturm, Philadelphia
Le sucede a usted aquí lo mismo que a mí? Me fascina este aturdimiento de formas, la disolución
de la torre en líneas alargadas. Al mismo tiempo empieza la búsqueda: qué hora marcaba el
reloj en aquella oportunidad? Cuál es la apariencia real de la torre? Trato de reconstruir lo que agrada
a mi visión acos- tumbrada. Pero esta torre del Ayuntamiento se me sale completamente del carril. Ya no se
encuentra fija en sus cimientos, ya no es segura, fuerte y estricta. Salta de sus límites, danza fuera de
la línea, confunde, y esto, aunque se refleje en una hilera de ventanas estríc- tamente geométricas.
Impre- siona amenazada, liviana y quebradiza.

Print Media Academy, Heidel- berg
No nos encontramos aquí en un salón de espejos, no nos encontramos nosotros
mis- mos en medio de la acción, no nos reflejamos nosotros mismos. Aquí pasa
algo sin nosotros, sin nuestros ojos, así como también sin nuestra cámara
fotográfica. Cada quén puede descubrirlo de todos modos, si uno mismo y su
mirada no convencional lo permite. Entonces puede ser que ocurra algo inesperado de una casa
antigua, sola, de entre una hilera de casas nuevas. Através de un espejo se genera
una hilera completa de casas, todas mansiones antiguas y hermosas. Una agradable
imaginación que ciertamente yo no quisiera corregir.
Cómo llega Derliz Mereles a producir estas imágenes?

Downtown Chicago
En relación a esta fotografía existe un relato, una historia cotidiana por
cierto. Nos podemos imaginar a Derliz Mereles y a Andreas Klinkhof en Chicago a la
búsqueda de un lugar para comer. El ánimo se pone cada vez peor a la
vuelta de cada esquina sin un restaurante a la vista. En ese momento descubre el
artista ese ojo, ese espejo. El sabe que esa imagen es una cosa de un abrir y
cerrar de ojos, no permite posterga- ciones, no se la puede detener. La posición
del sol, el tiempo, el ángulo, todo puede cambiar. El hambre no juega ningún
papel. Ahora tiene que encontrar él la posición correcta, desde donde
documentar al reflejo y al espejo reflejante.
Qué vé usted? Puede recono- cer aquí aún algo conocido?
O debe uno simplemente aceptar la confusión y dejarla existir?
Les dejo parados con su confusión y fascinación frente a estas
fotografías, o les invito a pasear por la exposición. Déjese
inspirar o irritarse por las imágenes, quiás con el acompañamiento
de una copa de vino y de un pretzel.