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fotografía
derliz mereles


Discurso de apertura: Dipl. Theol. Mechthilde Raff-Eming Exposición 2001

Sonría por favor! Así se dice al fotografiar. Así puede un fotógrafo configurar al objeto que él quiere documentar; él lo puede hermosear de esta manera. Murallas y fachadas no sonrien. Metal, hormigón y piedras son inmóbiles. Fijas en la tierra, aseguradas con tirantes de hierro y acero, están erigidos - rascacielos, viejas torres, museos - por todos lados lo mismo. Estamos acostumbrados a verlos: a veces son aburridos, a veces austeros, a veces interesantes, otras veces monumentales. A veces simplemente lindos como   el   Getty   Center  de

Santa  Monica, con un  mara-


villoso impulso hacia el cielo azul, como si estuviese en movimiento y se destor- nillase de sus cimientos. Se necesitan aquitectos muy especializados para producir una dinámica tal con piedras, y fotógrafos que lo ven y lo documentan gráficamente. Derliz Mereles no manipula sus objetos, ellos se man- tienen alejados de su acceso, él no los puede transformar, no los puede poner en pose,


no los puede inducir a cambiarse. El generalmente no toma una perspectiva desacostumbrada al fotogra- fiar, p.e. desde arriba, abajo o desde el otro lado. Más bien se pone él a la búsqueda de un ojo que mira a los alrededores, de un espejo que atrapa a un objeto y lo cambia, sin que él mismo tenga que poner mano en ello. Y por cierto, uno encuentra por todos lados a esos ojos, espejos de diferentes materiales, en los que las cosas se reflejan y transforman. Uno no necesita ni una cámara digital ni una computadora para encontrar- los, uno debe de mirar atentamente y de forma no convencional para descubrir- los, como por ejemplo aquí:


Caballo S-Printing en Heidel- berg

se parece incluso a un ojo, pero es una esfera en el rabo del caballo destelleante y rotante cerca de la estación central de trenes de Heidelberg. Pero en ella se recoge todo el lugar. El mismo parece triste y desolado, pero solo porque él fué visto en un dia frio de invierno. El metal curvado reluciente ha hecho de uno de los centros más densos de tráfico, un patio de cuartel vacío. La imagen en el espejo se vuelve aquí algo inquietante, porque ya no reconocemos el lugar familiar, desaparece la forma conocida que calificamos de real.


Edificio Wrigley en Chicago

También aquí nos confun- dimos un poco: a orillas de un hermoso río en Chicago se ven muchos rascacielos, que no parecen interesar ni a los turistas ni a sus cámaras fotográficas. En medio de ellos un edificio antigüo, conocido, símbolo del estatus de una empresa mundial. La mayoría de nosotros tienen ojos de turista, que saben que vale la pena ver este edificio, y que en fotografías puede ser reconocido nuevamente por un observador: ah, éste es el edificio Wrigley! A éste también yo lo he visto! O de otro modo: Esto reconozco yo! Pero Derliz Mereles ha conectado un ojo extraño entremedio: un frente con muchas ventanas, uniforme, estricto, aburrido. Pero ellas consiguen cortar la torre en rodajas, desarmarla, tanto que casi nos aturde. Y aquí empieza a preguntarse el observados: qué era esto? De alguna manera es conocida, pero nó! De la familiaridad recompenzante se convierte en una pregunta, un proceso de búsqueda se desata. Intentamos reconstruir internamente la imagen, para afirmar nuestra imaginación de cómo deben ser las cosas a las que estamos acostumbrados. Quizás que- rramos desacernos el ojo-espejo irritante, debiendo separar un edificio del otro.


Rathausturm, Philadelphia

Le sucede a usted aquí lo mismo que a mí? Me fascina este aturdimiento de formas, la disolución de la torre en líneas alargadas. Al mismo tiempo empieza la búsqueda: qué hora marcaba el reloj en aquella oportunidad? Cuál es la apariencia real de la torre? Trato de reconstruir lo que agrada a mi visión acos- tumbrada. Pero esta torre del Ayuntamiento se me sale completamente del carril. Ya no se encuentra fija en sus cimientos, ya no es segura, fuerte y estricta. Salta de sus límites, danza fuera de la línea, confunde, y esto, aunque se refleje en una hilera de ventanas estríc- tamente geométricas. Impre- siona amenazada, liviana y quebradiza.


Print Media Academy, Heidel- berg

No nos encontramos aquí en un salón de espejos, no nos encontramos nosotros mis- mos en medio de la acción, no nos reflejamos nosotros mismos. Aquí pasa algo sin nosotros, sin nuestros ojos, así como también sin nuestra cámara fotográfica. Cada quén puede descubrirlo de todos modos, si uno mismo y su mirada no convencional lo permite. Entonces puede ser que ocurra algo inesperado de una casa antigua, sola, de entre una hilera de casas nuevas. Através de un espejo se genera una hilera completa de casas, todas mansiones antiguas y hermosas. Una agradable imaginación que ciertamente yo no quisiera corregir.

Cómo llega Derliz Mereles a producir estas imágenes?


Downtown Chicago

En relación a esta fotografía existe un relato, una historia cotidiana por cierto. Nos podemos imaginar a Derliz Mereles y a Andreas Klinkhof en Chicago a la búsqueda de un lugar para comer. El ánimo se pone cada vez peor a la vuelta de cada esquina sin un restaurante a la vista. En ese momento descubre el artista ese ojo, ese espejo. El sabe que esa imagen es una cosa de un abrir y cerrar de ojos, no permite posterga- ciones, no se la puede detener. La posición del sol, el tiempo, el ángulo, todo puede cambiar. El hambre no juega ningún papel. Ahora tiene que encontrar él la posición correcta, desde donde documentar al reflejo y al espejo reflejante.

Qué vé usted? Puede recono- cer aquí aún algo conocido? O debe uno simplemente aceptar la confusión y dejarla existir?

Les dejo parados con su confusión y fascinación frente a estas fotografías, o les invito a pasear por la exposición. Déjese inspirar o irritarse por las imágenes, quiás con el acompañamiento de una copa de vino y de un pretzel.

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